El distrito de Pátapo atraviesa hoy una situación que debería preocupar profundamente a todos sus habitantes. Lo que ocurre en el sector Quinta Santa Rosa no es simplemente un problema técnico o momentáneo; es el reflejo de una peligrosa combinación de negligencia institucional, improvisación en la gestión pública y una preocupante normalización de condiciones de vida que atentan contra la dignidad y la salud de la población.
En este sector, el colapso del sistema de desagüe y el constante desborde de aguas servidas se ha convertido en parte del paisaje cotidiano. Lo que debería ser motivo de indignación colectiva ha terminado siendo asumido por muchos como algo “normal”. Esta resignación social es tan grave como la propia crisis sanitaria, porque cuando una comunidad se acostumbra a vivir entre aguas contaminadas, el problema deja de verse como urgente y las autoridades encuentran el terreno perfecto para la inacción.
Frente a este escenario, la respuesta de las autoridades locales ha sido, lamentablemente, una muestra de improvisación. En lugar de buscar una solución técnica y sostenible, se ha optado por una medida que resulta cuestionable: el rebombeo de las aguas servidas hacia el sector del llamado “río seco”. Este lugar, que hace décadas formó parte del patrimonio natural de Pátapo y por donde alguna vez fluyó un río que atravesaba el pueblo, hoy se ve convertido en receptor de contaminación.
Lejos de solucionar el problema, esta decisión simplemente traslada la contaminación de un lugar a otro, agravando el daño ambiental y generando nuevos focos de riesgo sanitario. Las aguas estancadas y contaminadas se convierten en el escenario ideal para la proliferación de enfermedades. En un contexto de altas temperaturas y lluvias constantes, las condiciones son especialmente propicias para la expansión del dengue, una enfermedad que ya representa una amenaza creciente en la región.
La pregunta inevitable es: ¿por qué la indiferencia de las autoridades frente a una situación tan grave? El silencio o la falta de acciones firmes por parte del alcalde y de otras instituciones responsables no solo genera indignación, sino también desconfianza en la gestión pública. Gobernar implica prever, planificar y proteger la salud de la población, no improvisar soluciones que agraven el problema.
Pero también es necesario hacer una autocrítica como sociedad. Los pobladores no pueden permanecer indiferentes frente al daño que se está causando al medio ambiente y, por consecuencia directa, a la propia salud de la comunidad. Creer que trasladar las aguas servidas hacia otro sector es una solución es, en realidad, una forma de posponer y profundizar el problema.
Pátapo necesita recuperar la conciencia ambiental y sanitaria. Necesita autoridades que actúen con responsabilidad y planificación, pero también ciudadanos que exijan soluciones reales y sostenibles. La salud pública, el respeto por el medio ambiente y la dignidad de vivir en condiciones adecuadas no pueden seguir siendo sacrificados por la improvisación y la costumbre de convivir con el problema.
Lo que hoy ocurre en Quinta Santa Rosa y en el llamado río seco debería ser un punto de inflexión para el distrito. Si no se toman decisiones responsables ahora, el costo lo pagarán las futuras generaciones en forma de enfermedades, deterioro ambiental y pérdida de la calidad de vida.
Porque un pueblo que se acostumbra a convivir con la contaminación corre el riesgo de acostumbrarse también a la indiferencia.

